ESTALLIDO SOCIAL EN CHILE: LA DUDOSA MUERTE DE YOSHUA, A QUIEN SU MADRE BUSCÓ DURANTE CUATRO DÍAS

ESTALLIDO SOCIAL EN CHILE: LA DUDOSA MUERTE DE YOSHUA, A QUIEN SU MADRE BUSCÓ DURANTE CUATRO DÍAS

Tenía 17 años. Y oficialmente murió por asfixia, intoxicación por gases de incendio, carbonizado dentro de un almacén de ropa incendiado. Pero su madre no cree en la versión oficial.

Se llamaba Yoshua Patricio Osorio Arias y tenía 17 años. En su habitación está colgado su uniforme: blanco, limpio y planchado. La cama está tendida, por la ventana se filtra una luz tibia, de mediodía. De no ser por el televisor, que está encendido en el canal de noticias, no habría más que silencio. Afuera, los cerros de Renca, las casas bajas del barrio obrero que lleva ese nombre, la luneta de un auto que dice: “Vuela alto Yoshua”.

En la tarde del domingo 20 de octubre, el outlet de ropa interior Kayser ardía. Sucedió en medio de un saqueo y unas horas antes del toque de queda ordenado por el Ejército, que cayó sobre Santiago de Chile y la periferia. Nadie sabe quién ni cómo se inició el incendio, pero Yoshua estaba dentro. Él es uno de los muertos que integra la lista oficial desde que arrancó el estallido social en Chile​. No están claras las circunstancias de su muerte.

Solange Reveco, su madre, lo buscó durante cuatro días en los que el chico figuró como desaparecido. Quiso encontrarlo la tarde del incendio, cuando llegó corriendo y a los gritos porque sabía que Yoshua había ido a mirar el fuego como tantos otros vecinos del barrio, pero su hijo no había vuelto a casa ni respondía el celular.

Y me tiré directo al fuego, porque yo gritaba y gritaba que mi hijo estaba dentro pero ni los bomberos ni los carabineros se metían a sacarlo. No se movían. Y me paré a un costado y les dije que se escuchaban los gritos y ellos que no, que no, que adentro no había nadie”, dice Solange a Clarín, de un tirón y endurecida por los días largos, por estas noches.

Yoshua cursaba en una escuela técnica y quería hacer carrera en Telecomunicaciones. Andaba en skate, entrenaba crossfit. Crecía rápido: no quiso una torta con velas para su último cumpleaños, sino unas pizzas para compartir con amigos. Pertenecía a una familia trabajadora.

No tenía necesidad de saquear. Mucho menos un lugar de venta de pijamas, calzoncillos y corpiños.

El Kayser está a unas cuatro cuadras de esta casa, en la que viven Solange con sus dos hijas y tres nietos, en la que también vivía Yoshua, “el varón de la familia”. Es una mega tienda de ropa interior, ubicada en la transitada avenida Miraflores. El lugar suele ser un hervidero, pero ahora es una mole abandonada. El ingreso tapiado, los vidrios rotos, cajas y cajas y cajas tiradas en el estacionamiento. Los hierros del galpón trasero, tan enorme que ocupa el pulmón de la manzana, retorcidos por el fuego. Además de Yoshua, murieron otras cuatro personas. Todos los cuerpos fueron encontrados en el segundo piso.

Aquel domingo del incendio, Solange y sus hijas volvieron a su casa sin noticias de Yoshua. Al día siguiente recorrieron hospitales y comisarías: nada. Entonces postearon la búsqueda en redes sociales. El martes les dijeron que habían aparecido cinco cuerpos en el Kayser. El jueves, luego del análisis de ADN, les confirmaron que uno era el de Yoshua. Le practicaron la autopsia al cadáver. Sobre la mesa está el certificado de defunción: “Asfixia, intoxicación por gases de incendio, carbonizado”.

Estuve mucho rato observando a mi hijo. Me habían dicho que estaba irreconocible, calcinado, calcinado. Pero no, no. Mi hijo no tenía un ojito, su brazo estaba muy quemado y le faltaba una parte…”, sigue Solange. La familia cree que Yoshua no murió asfixiado. “A mi hijo me lo balearon, yo sé que me lo mataron y lo hicieron pasar por otra cosa”. La versión no es un delirio. Los organismos de Derechos Humanos chilenos acompañan a otras familias que han denunciado casos similares.

Hay testigos que afirman que Yoshua salió rengueando del outlet cuando ya estaba prendido fuego. Hay quienes dicen que tenía un disparo en el pie. Hay, también, un video que circula por WhatsApp: alguien que recorre la tienda después del incendio y que da con el cuerpo de Yoshua. Está boca abajo, sujetándose de una baranda. La familia pide que exhumen el cadáver porque creen que una mancha a la altura de la cintura no es una llaga sino el impacto de una bala. El caso está en la fiscalía central norte. No hubo avances todavía.

La muerte de Yoshua y de otras 19 personas sucede en un contexto de crisis social que en Chile no cede. “Hay dos clases de gente aquí en Chile: los ricos y los pobres. Y los trabajadores somos los pobres. A nosotros nos reprimen y nos aumentan la comida, la luz y el agua. El Gobierno no pone proyecto para la gente. Ataca a la juventud, que es la que dio la cara. Y ese es el futuro de Chile. ¿Qué quiere Piñera, un futuro de viejos?”, sigue Solange, 49 años, feriante. En el living de la casa hay un altar: fotos de Yoshua, una camiseta de la Universidad de Chile, una golosina, dos velas que, en su memoria, arden.