Delgadez extrema: cuando el cuerpo se convierte en tendencia social

Delgadez extrema: cuando el cuerpo se convierte en tendencia social

Un análisis sobre cómo la delgadez extrema vuelve a instalarse como ideal estético y el impacto cultural que generan las tendencias corporales.

Delgadez: El cuerpo reducido como aspiración social

Como mujer, y atravesando los inevitables cambios que el cuerpo experimenta a lo largo de la vida, comprendí que lo verdaderamente importante es no pedir permiso para existir tal como decidimos construir nuestra propia imagen. Sin embargo, también es necesario entender que no todas las tendencias estéticas representan un beneficio para la salud, aunque sean celebradas por la industria o legitimadas por la cultura visual de cada época.

Hoy, un conocido fármaco asociado a la pérdida de peso ocupa el centro del debate público tras ser promovido por figuras destacadas de la moda, la música y el cine. El problema no reside únicamente en los tratamientos en sí, sino en el mensaje que muchas veces se instala alrededor de ellos: la idea de que existe un único cuerpo válido, deseable o exitoso. Una narrativa que puede generar percepciones irreales y profundas frustraciones, especialmente entre los más jóvenes.

La historia demuestra que los ideales corporales nunca fueron inocentes. Si nos remontamos a la era victoriana, entre 1800 y 1850, la tuberculosis llegó incluso a romantizarse. La fragilidad física, la piel pálida, la pérdida de apetito y la extrema delgadez eran asociadas a delicadeza, belleza y estatus social. Cuanto más etérea lucía una mujer, más admirada resultaba dentro de aquel imaginario cultural.

Décadas más tarde, en los años veinte, tras la Primera Guerra Mundial, la delgadez extrema comenzó a consolidarse como ideal moderno. El estilo flapper representó una revolución femenina que desafió las normas victorianas: mujeres jóvenes fumaban, conducían, bailaban jazz y abandonaban el corsé. Pero esa aparente liberación también exigía un nuevo molde corporal: siluetas rectas, pechos planos y líneas andróginas capaces de adaptarse a los vestidos sueltos de la época.

A mediados de los años sesenta, la modelo británica Twiggy convirtió la extrema delgadez adolescente en una referencia aspiracional global. Más tarde, durante los años noventa, la cultura pop encabezada por Kate Moss instauró una estética aún más cruda: cuerpos huesudos, piel pálida, ojeras y una actitud lánguida y andrógina que derivó en la controvertida tendencia conocida como heroin chic. Hoy las pasarelas del mundo y los eventos de calendario global , vuelven a la tendencia del debate, donde la delgadez extrema, se moviliza entre los iconos del medio artístico.

Cada década tuvo su propio mandato corporal disfrazado de tendencia. Y aunque las formas cambian, el mecanismo suele repetirse: convertir ciertos cuerpos en aspiración colectiva mientras otros quedan invisibilizados. Quizá en tiempos donde la imagen circula con una velocidad inédita, la verdadera evolución estética no consista en moldear el cuerpo según la tendencia de turno, sino en recuperar una idea de belleza más diversa, saludable y profundamente humana.