La industria de la moda argentina atraviesa una de sus peores crisis

La industria de la moda argentina atraviesa una de sus peores crisis

La industria de la moda en Argentina enfrenta caída de ventas, cierres de fábricas y despidos. El sector textil advierte sobre un escenario crítico.

La industria de la moda argentina, al límite

En un escenario cada vez más tensionado, la industria de la moda argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de las últimas décadas. Los números son contundentes: según datos de la cámara de la indumentaria, las ventas registraron una caída promedio del 8,4% durante el primer bimestre de 2026, un indicador que no solo refleja la retracción del consumo, sino que expone el delicado equilibrio de toda la cadena productiva.

El impacto se traduce de forma directa en el entramado textil, donde entre 8 y 10 empresas ya evidencian señales de crisis profunda. Despidos, cierres de locales y la paralización de plantas industriales comienzan a delinear un mapa preocupante. A esto se suma un dato alarmante: el stock acumulado de prendas alcanza casi un 50%, generando una peligrosa interrupción en la cadena de pagos que compromete tanto a proveedores como a trabajadores.

En el plano internacional, Argentina se posiciona en el segundo lugar del ranking de desempleo industrial entre 56 países, un dato que enmarca la crisis local dentro de una problemática estructural más amplia, pero que, en el caso del sector textil, adquiere particular gravedad.

Los casos concretos multiplican la preocupación. El principal exportador textil del país, Hilados S.A., cerró sus dos fábricas en Tucumán, dejando a 290 personas sin empleo, tras haber cesado previamente su actividad en La Rioja en diciembre de 2025. En Catamarca, la textil VVC enfrenta una situación extrema, mientras que en la localidad de Los Nogales, el cierre de PANPAK dejó a 75 trabajadores sin sustento.

Otras firmas emblemáticas tampoco logran sostener su estructura. TEXTILLANA S.A., histórica responsable de la marca Mauro Sergio, implementó suspensiones masivas ante la caída del consumo. La empresa Topper, referente en calzado e indumentaria deportiva, acumula más de 150 despidos en los últimos dos años y evalúa un posible cierre definitivo, presionada por la competencia de importaciones.

El fenómeno se repite en distintas regiones: Emiliano Alal cerró dos plantas —en Misiones y Chaco— afectando a 260 trabajadores, mientras que el Grupo Dass redujo significativamente su personal. En Buenos Aires, Cocot y Dufour bajaron las persianas de su planta en Parque Chas, en un contexto donde los productos importados, principalmente provenientes de China, ya concentran más del 70% del mercado.

El retroceso no es reciente, pero sí acumulativo: entre 2023 y 2025 se perdieron 18 mil puestos de trabajo en el sector, con una caída en ventas superior al 40%. Incluso marcas internacionales y locales como Timberland, Vitamina, Uma y Loderhaus optaron por cerrar sus operaciones en el país, evidenciando la complejidad del escenario.

Mientras tanto, la moda independiente resiste como puede, apelando a la creatividad, la reinvención y nuevas estrategias de comercialización. Sin embargo, el talento por sí solo no alcanza. Sin un acompañamiento estructural que fortalezca al sector textil, el riesgo de colapso se vuelve cada vez más tangible.

Argentina cuenta con una riqueza creativa innegable y un potencial exportador que, en otro contexto, podría posicionar a la industria nacional en el mapa global. Pero hoy, más que nunca, el desafío no es solo crear: es sostener una industria que pide, con urgencia, condiciones para sobrevivir.