Un día después, los rostros somnolientos y asustados de los caraqueños por haber vivido el horror de una noche que nunca olvidarán, amanecieron haciendo colas.
Las estaciones de nafta y supermercados se llenaron de gente para abastecerse por temor a que les falte el combustible y la comida para sobrevivir la tragedia que los dejó literalmente en la calle.
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