Crisis en la yerba mate: crecen exportaciones pero caen ingresos
El sector yerbatero muestra consumo y exportaciones en alza, pero productores advierten caída de ingresos y riesgo en la sustentabilidad.
El mercado de la yerba mate atraviesa una etapa de reconfiguración con señales contrapuestas. Mientras el consumo interno y las exportaciones muestran crecimiento, los productores advierten una caída real en sus ingresos y plantean interrogantes sobre la sustentabilidad de la actividad a mediano plazo.
Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el consumo interno creció un 3,1% en el último año y alcanzó los 266,7 millones de kilos. En paralelo, las exportaciones avanzaron un 7,3%, con un récord de 57,9 millones de kilos y un ingreso de divisas de 117 millones de dólares.
Este escenario se da en el marco de la desregulación del sector, que eliminó la fijación de precios y modificó la dinámica de toda la cadena productiva, especialmente en provincias clave como Misiones y Corrientes.
Un mercado más competitivo, según el INYM
Desde el organismo, el balance apunta a una mayor eficiencia del sistema. Su presidente, Rodrigo Martín Correa, sostuvo que la yerba mate mantiene su demanda por tratarse de un producto cultural y de consumo masivo.
“La mayor competencia entre marcas se traduce en más calidad y mejores precios para el consumidor”, afirmó.
En ese sentido, el nuevo esquema permite acuerdos directos entre privados, lo que —según el INYM— genera una asignación más eficiente de recursos y mayor dinamismo en el mercado.
Además, destacan que la producción se mantiene estable, con un promedio superior a las 890 mil toneladas de hoja verde en los últimos años, lo que garantiza abastecimiento tanto interno como externo.
El frente externo, uno de los puntos fuertes
El crecimiento de las exportaciones aparece como uno de los principales indicadores positivos. La yerba mate argentina llega a más de 50 mercados, con fuerte presencia en Medio Oriente, Estados Unidos y Europa.
Siria y Líbano continúan como destinos tradicionales, mientras que en otros países se incrementa el consumo asociado a tendencias de alimentación saludable.
“El mundo demanda alimentos funcionales y la yerba mate tiene un enorme potencial”, señaló Correa, quien destacó la estrategia de expansión internacional del sector.
Productores en alerta por la caída de ingresos
Sin embargo, la mirada del sector productivo es distinta. Desde Coninagro advierten que la actividad se encuentra en zona crítica debido a la caída del precio en origen y el aumento de costos.
Actualmente, el valor de la hoja verde ronda los $220.000 por tonelada, con una baja real cercana al 27%. Además, los productores perciben apenas el 13% del precio final, muy por debajo del 23% histórico.
Este desfasaje genera un deterioro en la rentabilidad y pone en riesgo la sostenibilidad de muchas explotaciones.
“La falta de previsibilidad impacta en las decisiones productivas”, remarcan desde la entidad, al tiempo que advierten sobre márgenes cada vez más ajustados.
Precios más bajos al consumidor
Uno de los efectos más visibles de la desregulación se da en góndola. Según el INYM, el precio de la yerba mate cayó un 45,7% en términos reales entre diciembre de 2023 y enero de 2026.
El valor promedio pasó de $7.397 a $4.481 por kilo, lo que implica un ahorro significativo para los consumidores. A nivel agregado, la reducción del gasto alcanza unos $818.000 millones anuales.
Sin embargo, esta baja también presiona sobre los ingresos del eslabón primario, generando tensiones dentro de la cadena.
Cambios en el consumo y nuevos desafíos
El sector también enfrenta transformaciones en los hábitos de consumo, especialmente entre los más jóvenes. Crecen alternativas como el tereré, las bebidas listas para tomar y productos energizantes a base de yerba mate.
Este cambio abre nuevas oportunidades, pero también exige innovación y adaptación por parte de la industria.
Un equilibrio aún en construcción
El escenario actual expone un contraste claro: mientras el consumo y las exportaciones avanzan, la mejora no se distribuye de manera homogénea.
El desafío hacia adelante será encontrar un equilibrio entre precios accesibles, competitividad internacional y rentabilidad para los productores, en un contexto donde la desregulación marcó un punto de inflexión.
















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